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Somos viñedo

En las laderas orientadas al norte de la Sierra de Yerga, una de las zonas más icónicas y de mayor altitud de Rioja, la familia Arizcuren ha cultivado viñedos durante más de un siglo. Este legado, que abarca al menos cinco generaciones de viticultores, es hoy el alma de Arizcuren, un proyecto que combina tradición e innovación en cada botella.

Trabajamos de forma orgánica certificada -y algunas prácticas de biodinámica- con viñedos propios de Mazuelo, Viura y Garnacha, mientras recuperamos variedades perdidas como Calagraño, Tinta Velasco y Miguel de Arco -que todavía pueden encontrarse en viñedos plantados por nuestros ancestros-, mostrando su singular potencial y, con ello, enriqueciendo la diversidad de Rioja.

Con apenas 25.000 botellas anuales, nuestros vinos están presentes en más de 20 países y en decenas de restaurantes con estrellas Michelin y han obtenido reconocimientos de críticos como Tim Atkin MW, James Suckling o Sarah Jane Evans MW, que ha definido Arizcuren como “uno de los renovadores de Rioja”

Trabajamos de forma orgánica certificada -y algunas prácticas de biodinámica- con viñedos propios de Mazuelo, Viura y Garnacha.

Pasado, Presente y Futuro

“Lo más innovador es, irónicamente, volver a las raíces. Buscamos en el viñedo un equilibrio natural, dejando que el terroir se exprese con autenticidad en nuestros vinos.”
—Javier Arizcuren

Trabajamos con respeto a nuestro presente, a la naturaleza y a nuestro paisaje, entendiendo nuestros viñedos como una pequeña parte de un sistema, en el que deben integrarse de manera armoniosa, cuidándolos con técnicas de viticultura regenerativa.

Y también con respeto a nuestro futuro, construyendo un patrimonio vitivinícola con identidad propia y reconocible que encaje en la diversidad de Rioja con el objetivo de seguir creciendo en reconocimiento nacional e internacional.

La Sierra de Yerga

Nuestro barrio de Bodegas-Cueva, a 500 metros de altitud y del que se tiene constancia escrita desde al menos el Siglo XVI y Monte Gatún, que con sus 1.151 metros es el punto más alto de la Sierra de Yerga, están conectados por una ladera de orientación norte en la que el viñedo ha estado presente por siglos.

Son suelos de origen cuaternario, formados por depósitos aluviales de naturaleza carbonatada y procedencia litológica diversa (material volcánico, cuarzos y greses), con presencia de coluvios carbonatados y arcillo-ferrosos, así como fracciones de limo y arena. Se trata de suelos generalmente bien estructurados y con buen drenaje, en los que, a profundidad variable, aparece un horizonte blanco que denota su caracter petrocálcico. La continuidad y grado de cementación de dicho horizonte condicionan la profundidad radicular efectiva, la disponibilidad hídrica y, en consecuencia, el manejo del viñedo, siendo más favorable cuando el nivel calizo se presenta fracturado o poco cementado, como sucede en los suelos de esta zona tan singular.

El clima es mediterráneo-continental, influenciado por el cierzo, un viento atlántico que recorre frecuentemente el valle del Ebro. Días soleados en verano pero con temperaturas moderadas por la altitud y la orientación norte de los viñedos.

Esta combinación de clima y suelo es inmejorable para variedades de ciclo largo como mazuelo y garnacha que, al igual que sucede en otros lugares del mundo, desarrollan un perfil fino y vertical, con fruta precisa, notas florales y fondo mineral, alejadas de perfiles sobremaduros.

Arizcuren
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